viernes, 13 de septiembre de 2013

El puente de “Los Naranjos”

El afamado puente de “Los Naranjos” único en el Municipio Arzobispo Chacón del Estado Mérida por su diseño, longitud, por su construcción y su firmeza es una de las obras más colosales que para ese entonces planifico, diseño y ejecuto el Coronel Eugenio Mora Molina. La comunidad de “Los Naranjos” está ubicada al otro lado del rio “Canaguá” en aquellos años estaba habitada por no más de cinco familias y el único modo de cruzar el rio para llegar al pueblo era a través de la “maroma”  una viga angosta de madera de aproximadamente veinte centímetros de ancha, con pasamanos de madera en ambos lados y alcanzaba una longitud de 15 metros, ubicada a doce metros de altura sobre el rio, era llamada así porque se tambaleaba cuando las personas cruzaban, en tiempos de invierno se atrevía a cruzarla solo los más experimentados porque el rio crecía su caudal “de monte a monte”, con una velocidad que arrastraba todo a su paso.
Nos cuenta el Señor Amadeo Mora que el 29 de agosto de 1938, calló una lluvia muy fuerte y prolongada en Canaguá, comenzó a llover a eso de las tres de la tarde y el fuerte aguacero duro hasta las cuatro de la tarde del siguiente día, más de doce horas ininterrumpidas de lluvia, el rio aumento tanto su cauce que se desbordaba arrastrando a su paso terraplenes, piedras enormes y árboles, uno de los arboles fue arrancado de raíz por el rio y bajo parado llevándose con él la maroma, único paso que comunicaba a los habitantes de “Los Naranjos” con el Pueblo quedando de esta manera incomunicados, a partir de ese momento comienza el calvario para los habitantes de esta aldea, era casi imposible cruzar para conseguir en el Pueblo los insumos necesarios, solo había un hombre capaz de enfrentar el caudaloso rio Canaguá, su nombre, Luis Rosales, conocedor de las aguas y con el valor de un toro para cruzar el sustento de las escasas familias.
Tres días después de la fuerte crecida del rio consiguieron la maroma trancada en unas piedras a un kilómetro y medio de donde estaba, con la dirección de Don Eugenio Mora Molina, llega la cuadrilla conformada por toda la gente de Los Naranjos, excavaron la maroma porque una parte de ella con el impacto de las piedras quedo enterrada en la tierra, buscaron dos yuntas de bueyes amarraron la enorme viga y jalada por la fuerza de cuatro bueyes rio arriba poco a poco lograron arrastrar la maroma nuevamente hasta el sitio donde se encontraba, la colocaron, esta vez mas bajita y se reanuda la comunicación con el pueblo.

En vista de aquel acontecimiento, Don Eugenio Mora Molina, con la brillantez que le caracterizaba en la toma de decisiones y como primera autoridad inicia los preparativos en 1939 para construir esa obra arquitectónica que ha permanecido en pie durante más de setenta años, convoco una Asamblea a la que asistieron los habitantes de las aldeas; Los Naranjos, La Laguna, Potreritos, La Tendida, Rio Arriba y El Rincón, en esa asamblea Don Eugenio les explico la necesidad de construir un puente seguro para comunicar a los Naranjos con el Pueblo a lo que todas las aldeas presentes dieron el total apoyo a tan magnífico proyecto, sin más ni más ese mismo año comienzan las excavaciones donde se asentarían los enormes muros de piedra que sostendrían a los canes del puente, estas enormes excavaciones donde los trabajadores sin maquinas ni aparatos sofisticados, solo con picos y barretones alcanzaron la increíble profundidad de 3 metros, nada los detenía en su determinación y convicción para construir esa obra, la tierra la sacaban con cuerdas en zurrones y cuando llegaron a la roca donde debían hacer la excavación para los canes, los chomperos con barras de acero y con manos de hierro reventaban esas piedras alcanzando los ocho metros.
El trabajo dirigido por el Coronel Eugenio Mora Molina contaba con una sincronía impresionante cada cuadrilla se acomedía a lo suyo sin entorpecer el trabajo de los otros, mientras los excavadores sin distracción alguna mantenían el ritmo, otros se encargaban de acarrear a hombros y en mulas, la piedra necesaria para satisfacer el apetito voraz de esos enormes huecos, al mismo tiempo estaba la cuadrilla encargada de cortar la madera para el puente, esta debía ser la mejor de las maderas, uno de los canes que en si era un árbol de pardillo completo de aproximadamente 12 metros de largo por 50 centímetros de diámetro fue cortado en el imponente “Cerro de las Angustias” ubicado aproximadamente a dos kilómetros del rio y a cuatro de la construcción, la inclinación del Filo del Cerro facilito un tramo de carga ya que el can fue lanzado en rastra de cuero hasta el plan de “El Arenal” de ahí lo arrastraron hasta la falda y lo lanzaron nuevamente “falda abajo” para que cayera a la altura de la quebrada de “La Laja” pero la velocidad que aquel enorme tronco alcanzo fue tan alta que paso de largo cayendo con tanta fuerza que quedo sembrado en la tierra. Desenterraron aquel árbol y con dos yuntas de bueyes lo jalaron hasta que salió del hueco, de ahí fue jalado por los bueyes rio arriba por dos kilómetros hasta la obra.
El resto de los canes con menos dificultades que con el primero pero que igualmente difíciles de transportar, fueron cortados en la finca que en ese entonces era de Doña Ana Julia Molina hoy en día son tierras del Señor Alcedo Mora o más comúnmente conocida como la finca de “los Amadores” en “la Montaña de los Garcías” a unos cinco kilómetros de la obra.
de ahí bajaron el resto de los canes que lleva el puente, estos también de “pardillo”, se transportaron con la ayuda de la pendiente de esas lomas y con los bueyes que ayudados por la corriente del rio se hacía menos tortuoso el viaje hasta la construcción, en total se cortaron 18 troncos de pardillo que servirían como canes para reposar enterrados a ocho metros diagonalmente en la tierra traspasando los muros de piedra y salir unos cuatro metros del muro para sostener al puente, distribuidos de a nueve por cada muro se colocaron tres troncos acuñados con madera, más abajo otros tres igualmente acuñados y debajo de esos tres más. 

La madera que serviría como la plataforma del puente fue cortada en el sector “La Majumba” ubicado aproximadamente a dos kilómetros de la obra, estas vigas fueron cuadradas con hachas ya que no existían motor cierras en Canaguá, las bajaron de la Majumba por un callejón impulsadas por rolineras de madera y palancas hasta caer a la quebrada de “La Enfadosa”, esta plataforma tiene tres vigas de madera dos (las de los lados) cuentan con 12 metros de largas por 30 centímetros de anchas y 22 centímetros de espesor, la viga central cuenta con 12 metros de larga, 55 centímetros de ancho, y 28 centímetros de espesor. Estas tres son de corazón de “vero”, igualmente las bajaron por el rio con bueyes con la ayuda del rio pero la viga central por sus dimensiones era tan pesada que aun con la corriente del rio tuvieron que halarla con cinco yuntas de bueyes esto mis queridos amigos son la potencia de 10 bueyes aplicando toda su fuerza uniformemente rio abajo. 
Reunida toda la madera en el sitio donde se llevaba a cabo tan majestuosa obra, y con los cimientos listos comienza el desafío de elevar los enormes canes y vigas a 12 metros sobre el rio, nuevamente entra en acción el ingenio del “arquitecto” del puente, por medio de poleas y tornos fabricados por ellos mismos, aseguraron cada uno de los canes, los fueron subiendo hasta posicionarlos en el sitio, luego se les colocaron los yugos que los asegurarían los que quedaron con una perfecta inclinación de aproximadamente unos 45 grados donde reposarían las enormes vigas que servirían como plataforma, estas fueron subidas con “alza prima”, que cumplen la función de un gato, eran construidas de madera, llevaba dos horcones largos colocados verticalmente con una separación de metro y medio aproximadamente o menor separación dependiendo del trabajo que se fuera a realizar y al medio de estos se ubicaban dos travesaños en forma de una “X” a su vez conectados a un torno manual con cuerdas, sobre esta estructura se colocaban las vigas, se necesitaban dos alza primas una de cada lado y a medida que dos hombres daban vuelta al torno, los travesaños se iban cerrando lo que hacía que la viga se fuera elevando hasta colocarla por encima de los canes, cajuelidas en ambos lados y ensambladas en los mismos con cuñas de madera como la telera de un arado y a lo largo de estas colosales vigas se les colocaron cruceros de madera por encima y por abajo acuñándolos para que mantuvieran las tres vigas unidas, luego de cuatro largos años de trabajo incansable se concluye este majestuoso puente el 21 de noviembre de 1943, que por setenta años se ha mantenido en pie como un guardian celoso e inquebrantable como el espíritu de quienes lo construyeron sobre el rio “Canaguá”, puente orgullo de todos nosotros. 
En esta colosal obra trabajaron todas las comunidades sin interés de ningún tipo, a honores aquellos que eran de escasos recursos trabajaban el día por dos libras de sal pero todos eran movidos por el espíritu del progreso y la convivencia en comunidad unidos por un mismo propósito, dentro de los nombres de los que trabajaron como carpinteros y caporales destacan: Don Eugenio Mora Molina como el ingeniero, de los Potreritos estaban Don Víctor Manuel Molina, Pablo Molina, Timoteo Molina, de “El Rincón” Cirilo García, Delfín García, Antonio García y Valdomero García, de la “Laguna Sergio Belándria, Felipe Rosales y Daniel Belándria, de “La Tendida” Pedro Antonio Mora, Lorenzo Mora, Andres Mora y Ramón Mora entre muchos otros que se aprestaron al trabajo, se reunían cuadrillas que trabajaban por semanas y se iban rotando, cada cuadrilla estaba conformada de quince a veinte personas.
Por: Carlos Márquez