viernes, 1 de noviembre de 2013

¡Alejo!



Padre Provincial José Antonio Sabino Reyes.
Excelentísimo Monseñor Luis Alfonzo Márquez
Consejo Provincial.
Padres Eudistas que nos acompañan.
Padre Jesús Quintero y demás Sacerdotes Diocesanos.
Familiares del Diacono Alejo Fernández Sosa.
Feligresía en general.  

Este feliz día  que nos regala el Autor de la vida con la ordenación presbiteral de Alejo, se suma a los ya vividos con la ordenación de José, Ramón y Adolfo.
Nuestro Pueblo – Iglesía, en su expresión religiosa, vive hoy la ordenación presbiteral de otro de sus hijos, en un ambiente de solemnidad catedrálica, propio del momento y dignificante de esta iglesia parroquial que la hacemos todos los bautizados y consecuentes con sus mandamientos.
El hecho de que esta ceremonia se realice en el lugar nativo del aspirante, es razón para que haya alegría desbordante y estimulante del gentilicio católico, al tener la satisfacción anhelada de presenciar un acto que, de celebrarse en la metrópoli, no tendrían posibilidad de asistir todos los fieles.
Se escribe así otra página que esperaba en blanco, el libro abierto a la vida mucutuyana y en el que la lección primordial es la voluntad, la gran voluntad con vocación de servicio al Creador Supremo, principio y norte de la unidad fraterna para alcanzar los objetivos y las cosas se den como las estamos viviendo. Son frutos del a esperanza, de la perseverancia, de la firmeza y la desestimación de algún supuesto que velaba la vocación de los estudiantes en algún momento de su camino al sacerdocio,  optando por retirarse. Ante estas deserciones hasta los últimos años del siglo pasado, en el común de los fieles  podía escucharse frases como: hasta cuando estaremos como capilla sin santo, refiriéndose a que la parroquia de Mucutuy enteramente católica no tuviese un hijo sacerdote nacido en su tierra. Imaginando a la parroquia integra dentro de sus confines como una Iglesia con un pueblo católico por dentro, sino el más , si uno de los más católicos de la Arquidiócesis; entendiéndose por pueblo católico no solamente estas casa agrupadas con n rio o caudal viviente en n costado que les da realce panorámico y en medio de verdes laderas que descienden conformando el hermoso valle, inconfundible entre las montañas de la geografía sur merideña, sino que también son pueblo católico las casas dispersas en las ladeas, por que en cada hogar se dispone de un espacio y cualquier tiempo o para orar .
Los asiduos a escuchar la misa en sus radio receptores, lo hacen con devoción teniendo una velita encendida en el altar. Amerita hacer  énfasis en la bondad de la Emisora que sin ser un bien material de la Iglesia, está disponible  a llevar el mensaje en a voz a las aldeas y mas allá hasta donde alcance llegar el efecto radioeléctrico que se conoce como ondas hertzianas en honor a su descubridor, es un medio producto de la inteligencia creado por Dios para extender su palabra por toda la tierra. En nuestro ámbito lleva el mensaje y cualquier información de la Iglesia a los fieles.Nuestro Pueblo – Iglesia no solamente crece en la fe y se fortalece al ver materializados sus pedimentos por las vocaciones sacerdotales; Hoy tenemos nuevo sacerdote para el mundo católico; un cuarto sacerdote en la persona de Alejo Fernández Sosa; a quien se le oyó su primer llanto en el fértil valle de La veguilla en medio del suave murmullo de la corriente fresca de la quebrada; el rumor del viento de la arboleda al cafetal y el bullicio semoviente del corral.

Como hijo de un hogar cristiano y católico, pronto fue traído a  este sagrado templo para ser bautizado por el Presbítero Sergio Castillo; fué confirmado a los tres años por Monseñor Miguel Antonio Salas, recibió la primera comunión a los siete años de manos del Presbítero  Jesús María G. Olearte y la catequista la Sra. Marlene Rivas Carrero.
Estas visitas al templo en sus primeros años de vida impactan muy positivamente y podría decirse que mas todavía en los futuros sacerdotes; lo imponente que les resulta a la vista y a los oídos, encontrarse en un recinto donde todo es silencio y ordenado y solo se escucha la voz del sacerdote, el niño asimila todo aquello por que advierte en las personas que todo absolutamente todo es agradable y como cosas buenas deben repetirse; es cuando se hace la idea de imitar todo aquello que ha visto y oído, y en cualquier momento es encontrado en algún lugar solitario de la casa practicando alguna ceremonia. Así encontraban a Alejo en el solitario solar de la casa debajo de un árbol de guamo, vestido de sacerdote preparando la misa con el compadre Lucas, diseñando un crucifijo con hojas de cambur y rodeado de gallinas, pavos y el perro que los reunía para compartir las migajas de arepa que se llevaba de la cocina sin permiso. Nunca sus padres conocieron al compadre Lucas  pues fue un personaje desconocido.
Estos ensayos de niño parecen un abre-vocación que se acentuara en el tiempo, porque si es una diversión juego lo toman enserio y con el respeto observado en sus mayores cuando asisten al templo.
Comenzó estudios de primaria en la Unidad Educativa la Veguilla, y fue el éxito en la creatividad por el arte y la lectura de sus profesores: Severo Rivas y Agripina Sosa de Izarra.
A la edad de once años se vino al pueblo para culminar la primaria, fijando permanencia encasa de Doña Olimpia, desde ese momento se involucra por completo en la vida de la Iglesia, pues Doña Olimpia Junto con sus hijas liderizaban en la parroquia lo concerniente a los arreglos ornamentales del templo en las fiestas religiosas estimuladas siempre con la oración y Alejo con diligencia y dedicación toma parte activa en estos quehaceres que por lo demás le brindan mucha satisfacción. Ingresa como monaguillo y pertenece al grupo de la Legión  de María “Reina de la Paz”; de esta inicial experiencia que se hace realidad hoy, recuerda siempre lo que Doña Olimpia le decía: “Que la palabra sea siempre la luz que le ilumina y la fuente donde sacias tu sed de Dios”.
De Mucutuy se fue al Estado Falcón, donde estudio secundaria y obtuvo el Título de Bachiller en Ciencias; Hizo estudios de Ingeniería Industrial en la Universidad Francisco de Miranda. Se vino a Mérida y poniendo a prueba sus conocimientos trabajo en una fábrica  en el área de diseño, planificación y control de calidad, trabajo en el que le fue reconocida la eficiencia y responsabilidad. Pasan los años y regresa a La Veguilla en el año dos mil; es contratado como Docente de aula en la Unidad Educativa La Veguilla; él considera que fue el trabajo que amo con todo su corazón y alma, esto lo demuestran los valores religiosos que inculcaba en sus alumnos haciendo unos minutos de oración, una vez entonado el Himno Nacional, al comenzar labores del día; igualmente y como coordinador en las reuniones de padres y representantes, abría las mismas con una oración o cita bíblica, lo que creaba un ambiente muy favorable para su desarrollo. Trabajó de igual manera en la Asociación de Vecinos de la Veguilla y se involucra en la comunidad para buscar junto a sus compañeros y los propios habitantes, solución a los problemas.
En su inquietud por abrazar lo religioso se ofrece como catequista y acumulando experiencias, Alejo nuevamente se motiva a tocar las puertas del seminario, pero es rechazado por su edad, momentos que aprovecha para renovar las promesas como religioso, y junto con el padre Onneger Molina, se fundan en la parroquia diez y siete presídium de la Legión de María y es nombrado presidente de la Curia.
Estudia Educación Integral en la Universidad Nacional Abierta y más tarde estudia Teología en el Instituto Centro de Estudios Juan Pablo II asociado al Instituto Internacional de Teología de Madrid.



Todos estos movimientos apostólicos y de luchador social por la comunidades, despiertan en él, el deseo profundo de trabajar a tiempo completo por la Iglesia y a su vez querer dar testimonio de fe, esperanza y caridad donde se encontrara.
Sigue tocando las puertas en el Seminario, pero las mismas continúan cerradas, en su cabeza no hay lugar para otra importancia que no sea su fe de llegar a ser oído; y en el año dos mil tres, el Pbro. Jorge Gonzales lo escucha y lo anima a seguir tocando puertas, si dos se cierran, cinco se abren, y un diecinueve de marzo le visita en la capilla del Santo Cristo de la veguilla, el padre Pedro José Guerra, promotor vocacional de los Padres Eudistas, enviado por el padre Jorge Gonzales. Desde ese momento se inicia el proceso vocacional y el diecinueve de julio del dos mil cuatro, es invitado a Caracas al campamento vocacional con los Padres Eudistas.
La puerta se abre y en su equipaje de esperanzas ya no trae Alejo la pesada interrogante que se hacía ante cada puerta cerrada, ahora las esperanzas le cantan el sé feliz Alejo porque ya estas dentro, tu vocación que nació en un fértil valle ofrecido a la vida con voluntades unidas, siguió mas fortalecida cada vez hasta alcanzar tus propósitos que continúan con hacer realidad tu aspiración de trabajar por el bien social de la Iglesia atendiendo las necesidades espirituales como materiales de tu pueblo que es el pueblo de Dios. Las exigencias para cumplir ese cometido es la gran voluntad que sabrás ponerle, como el sazón a las comidas que preparas, porque hay que destacar que Alejo es un Chef de prestigio entre los que han saboreado su arte en la preparación de comidas.
Con la Alegría de estar presentes en esta Santa Eucaristía, les manifestamos a los fieles que han venido de distintos lugares, que nos sentimos muy contentos de tenerlos en nuestra Parroquia San Antonio de Padua de Mucutuy, considerada un recinto espiritual de los Pueblos del Sur de Mérida, por un gran Eudista: Monseñor Miguel Antonio Salas.


¡Alejo! Tenemos el privilegio de vivir entre montañas, cubiertas de espesa vegetación que les da vigor y permanencia; son altares naturales para la contemplación y la meditación sobre su misterio interior, pues bien; te deseamos la fortaleza de esas montañas en tu vida sacerdotal  y las aguas cristalinas que de ellas manan, sean la claridad de las enseñanzas en el amor a tu pueblo. 


Gracias señor Gracias