martes, 25 de marzo de 2014

SIMÓN BOLÍVAR, TAN CRIOLLO COMO EL BARRO DE NUESTRO PUEBLO



 Ramón Sosa Pérez

“Mérida, la más bolivariana de todas las ciudades venezolanas, como alguien la llamara, fue pórtico generoso para reivindicar la Gloria del Libertador. Y de nuevo retomó para siempre el orgullo de su abolengo bolivariano”. Así se expresaba en 1985 el historiador Lucas Guillermo Castillo, a propósito del retumbo histórico que la ciudad ha concedido al legado del Libertador desde el esplendor de la Campaña Admirable de 1813. Los merideños se han obligado en un reconocimiento a perpetuidad y prueba de ello es que aquí se consignan los más distinguidos elementos de gratitud al Héroe: el Monumento La Columna que desde 1842 honra su Memoria y el Himno del Estado que conserva los únicos versos escritos de su puño y letra, en 1813.
El cronista Luís José Acosta Rodríguez, orticeño del Guárico y aplicado estudioso del ideario libertador, anotaba en su libro Bolívar para Todos: “Entre los muy contados protagonistas de esta dimensión de cotidiana vigencia está el Libertador (..). De allí, la urgencia y conveniencia de poner esa figura histórica de tan singular fuerza como paradigma, al alcance y comprensión de las nuevas generaciones de venezolanos, a quienes incumbe dar continuidad en el tiempo y acrecentar con nuevos aportes (..) la herencia que nos viene del pasado glorioso, el cual tiene en Bolívar la más alta y perdurable plasmación de humanidad criolla”. En estas razones está la cercanía inmortal de Bolívar con su pueblo, hecho crisol de identidad.
BOLÍVAR EN EL IMAGINARIO COLECTIVO  
Encumbrados artistas de todos los géneros, lo han tenido como su inspiración pero también Juan Pueblo, el creador sencillo fraguado en el barro genuino de un lugar anónimo e ignoto de la patria, concibe a Bolívar de una manera particular. Una talla en madera de cedro, sauce, naranjillo, saquisaqui, una pieza en aldeana arcilla o en añejo molde de loza servirán para representarlo en el imaginario popular. En los andes, Mérida en particular, se multiplican los creadores que rinden culto a un Bolívar popular, cercano, vecino, paisano, que semeja más al que se confundió con los lugareños del año 13 que al ataviado de oropeles  y charreteras que nos colocaron en las estatuas.
En la literatura oral de nuestros pueblos interioranos abundan las fábulas que en el decurso del tiempo se hicieron páginas de la cultura provinciana. En la escuelita rural de Viterbo en Chiguará, refería el escritor teatral Paulino Durán, los muchachos repetían por generaciones que cuando niño, Bolívar se topó con otros de su edad que quisieron aterrarlo con el cuento que la muerte andaba rondando por esos lares y quería llevárselo. La reacción de Simoncito fue resuelta: “vamos, vamos muchachos y la asustamos a ella primero para que se marche rápido!”, lo que prueba la fortaleza de la tradición por mantener a un Bolívar vivo en su imaginario y en su concepto cándido, sencillo y cercano.   
BOLÍVAR EN EL ARTE POPULAR
Juan Calzadilla ha dicho: “las obras de los imagineros, sean tallas o figuras de bulto, pueden considerarse arte popular”, en reclamo a quienes tachan a los creadores del pueblo, llamando a sus trabajos “arte ingenuo”, como si se tratara de migajas artísticas. Los creadores populares sienten a Bolívar más próximo; colindante en sus angustias y aciertos. A ese representan en el candor de su expresión inmediata y en la vecindad de su afecto. Calzadilla lo confirma: “el tema bolivariano ha estado siempre presente en la imaginación del creador popular, afirmado en sus creencias políticas, sociales o religiosas, como símbolo del sueño permanente de justicia”.    
Se afirma que el artista popular elabora, un Bolívar a su imagen y semejanza, un Bolívar que gravita en la idea que se ha hecho de Bolívar pero explicando lo que él siente y cree sobre el héroe en términos corrientes y auténticos. Mariano Díaz, periodista, crítico y cultor chileno que por más de 30 años recorrió Venezuela tras la huella de nuestros creadores , ha dicho que se trata de “un Bolívar humanizado (..) que lo ha visto brotar de las manos de gente sencilla, gente que labra la madera, amasa la greda, borda la tela o talla la piedra, gente que lo convive y lo hace a su medida, gente que de leídas o de oídas, aprende su pensar y lo añora y que en su mitología de fe lo hace milagrear, compitiendo con los santos del cielo”
TALLISTA Y PINTOR DE SIMÓN
Luís Barón era pintor de multitudes y santos, hacedor de sueños y arquitecto de esperanzas. Su talante de artista ingenuo, festivo y franco lo retrataba en sus paisanos, tan cordiales como él. Vivió siempre en San Rafael de La Capellanía, donde seguramente nació “el nono Mariano Arellano que fue independentista, peleador, hablante de todo lo que eran historias, ebanista y músico”, lo que dio en la vena del gusto porque fue acompañante de serenatas, compartidas con la pintura de procesiones y costumbrismo. Mirando sus tallas y pinturas, decía: “tomen ejemplo porque Bolívar se fregó por nosotros y todavía es la esperanza que nos queda”
En Luís Barón no hubo egoísmos ni afán de riqueza material. Vivió de acuerdo con los valores que sellaron su formación y reforzaron su carácter desde la juventud: lealtad a su tierra, estima por sus amigos, consecuencia con su parentela y solidaridad por el diario hacer del campesino. Su obra, cultivada entre pinceles y consejos del gato Medina y de don Eduardo Rojas, llegó a sensibilizarse en el devocionario cristiano y el ideario bolivariano.
El 19 de mayo de 1813 hombres y mujeres de esta villa bailadorense salieron a recibir a Simón Bolívar a la vera de los caminos y a vocearle ya como Libertador, lo que quizá determinó su apego a la figura de Bolívar en sus creaciones. De Don Luís puede decirse que sus manos de artesano, sus dedos de pintor y su mente abierta al legado del costumbrismo lo hicieron cronista de lo sencillo, de lo nativo.
BOLÍVAR EN LA MIRA DE LOS SUREÑOS
Los pueblos del sur de Mérida son un montón de aldeas y caseríos, dispuestos como un belén navideño, que zigzaguean en eterno retozar tras los pliegues de un verdor incomparable. Canaguá, entre ellos, se eleva como la capital del Municipio Arzobispo Chacón y cuna de grandes creadores que tienen por Simón Bolívar un afecto entrañable, como lo reflejan las tallas de José Belandria. Se empleó de vigilante nocturno en una compañía y para ahuyentar el hastío sin nada en qué ocuparse “pasaba cortando pedacitos de madera para entretenerme (..) en los días largos de viernes a domingo se me ocurrió una vez hacer muñequitos y empecé a darle lentico porque tiempo tenía y sobraba”.
Allá, en su Canaguá natal, labraba en el campo para levantar dignamente a su mujer y 7 hijos pero una enfermedad lo obligó a marchar a la capital y dedicarse a la madera. De joven  José Belandria recuerda haber visto al maestro Florencio Contreras que hacía santos “pero el padre Garí se los prohibió y que él no los iba a bendecir porque eso era malo”. Cuando se decidió a trabajar lo que él llamaba “mis muñecos”, pensó en representar al Libertador: “cuando hago a Simón Bolívar pido a Dios que me dé un espíritu, porque eso es lo más respetuoso que yo hago porque es trabajoso y temido (..) de niño yo aprendí que después de Dios, Simón Bolívar (..) y es que cuando yo lo estoy tallando, lo hago con mucho respeto”.
DEL SUR DE MÉRIDA A LA CIUDAD JARDÍN      
A Maracay fue a residir Francisca Molina, una mujer nacida en el sur de Mérida. Desde El Molino, hoy parroquia del Municipio Arzobispo Chacón salió un día en busca de nuevos horizontes. La vida en el sur es dura. El infortunio tocó temprano a su puerta y debió afrontar las privaciones en la muerte pronta de sus hijos y para ganarse la vida debió comenzar “a retocar pesebres”. Pintaba las imágenes y los santos del nacimiento hasta “que un día vino por casa el padre Manuel Taciano Barillas vio la Virgen de Fátima y la bendijo, lo que me sirvió para agregarle al aviso que también hacía imágenes”, cuenta en su nobleza surandina. Es devota de la Virgen del Carmen, la Patrona de Canagua, cuya fiesta celebran en diciembre.
taza y plato en homenaje a Simón Bolívar. Año 1815, elaborados en el taller de Fannen Fleury. Estilo imperio con tres patas de garra y roseta en relieve 
El Libertador, en todas las épocas, ha sido distintivo de respeto y entre los creadores populares se le rinde tributo sencillo de reverencia. Cualquiera sea el material en que se plasme, Bolívar es un motivo de regodeo y exaltación para los creadores. Es el caso de Francisca Molina cuando afirma que “a Bolívar yo lo hago porque me gusta verlo entre las imágenes de los santos (..) yo para hacer a Simón Bolívar, lo hago desde la memoria”. El Padre de La Patria merece el afecto de los cultores sencillos como esta mejer, nacida entre las montañas del sur: “si volviera Bolívar tremenda alegría que nos daría a los pobres (..) él pelearía contra los politiqueros que la han chalequeado y que la tienen en nada”. 
Francisca Molina nació en el Municipio Arzobispo Chacón y es autora de esta obra, labrada en madera de cedro.


Don José Belandria, nativo de Canaguá, es autor de la obra El Libertador, hecha en sauce

General Bolívar, elaborado en madera de cedro por Luis Barón, de Bailadores  

Jarra Conmemorativa. Año 1826 y realizada en loza parlante, es decir sobre un hecho histórico que evoca aquí la Batalla de Carabobo.