jueves, 17 de abril de 2008

Por los Caminos del Sur

“SEMANA SANTA EN LOS PUEBLOS DEL SUR”


Pbro. Edduar Molina Escalona*


En la noche del Domingo de Ramos, con la encomienda hecha al Señor en la vieja Capilla de Estanques, el “Cristo peregrino de la montaña” llevado en hombros de Don Pablo Hernández, sus fieles amigos y familiares, nos invita
a enrumbarnos a la extraordinaria experiencia de una “semana santa en los pueblos del sur”, comenzando por el más largo Vía-crucis de 85 kilómetros.
El recorrido abarca tres tramos, desde Estanques hasta el páramo “Las Nieves”. Con las estaciones del frío serranero, la densa neblina y el silbato de los fuertes vientos se asciende hasta la segunda etapa, el pueblito de El Molino. Hay fiesta y algarabía, el número de participantes va aumentando; para iniciar la tercera etapa, desde el Molino, hasta el “Parque del motor”, pautada la llegada para el día miércoles santo. Este año 2008 el Vía-Crucis,
llegó hasta el pueblo de Canaguá, el domingo de Ramos, acompañado
de un gran número de jóvenes, de varios sitios de la geografía regional. El pueblo de Canaguá con su párroco, salen a recibirlos con un verdadero encuentro fraterno de devoción y fe que desde hace quince años se viene celebrando. Con oraciones, abrazos y lágrimas los devotos peregrinos son recibidos en el Gólgota de la esperanza y la caridad de nuestros coterráneos sureños. A partir del Domingo de Ramos, las calles de los humildes poblados son abarrotadas por los amigos del campo que llegan con sus palmas para ser bendecidas. Muchos hacen sus “mudanzas” a las casas del pueblo, con sus verduras, quesos ahumados y pan casero para participar de lleno en las celebraciones de la liturgia de este tiempo. La profunda fe y rica tradición cristiana, formada por los curas doctrineros, en la conciencia de nuestros pueblos surmerideños, llevan a observar a cabalidad las duras prácticas cuaresmales: el ayuno, la abstinencia de carnes, el guardar los “días santos” de la rutinaria faena del campo, “aprontando” lo necesario para el bastimento”, todo ello en la más hermosa convivencia cristiana, no se debe proferir palabra de insolencia, se perdonan faltas, matizando con el jolgorio de la chiquillada en los juegos de trompo, los joques, las metras, el burro, y tantos más, que alegran el ambiente austero y rígido del devocional católico de antiguo, aún fresco en la memoria de nuestros abuelos. El Lunes Santo el humo de los antiguos hornos de ladrillo, anuncian que el pan criollito ya esta listo. Todo un trajinar familiar, pero también reencuentro fraternal.
El Martes Santo una comisión destacada de cada parroquia, acompaña a sus ministros para la “Misa Crismal”, ocasión propicia para revivir el misterio de la unidad y comunión de nuestra Iglesia, en torno a la figura del Obispo, los sacerdotes renuevan sus promesas y los fieles hacen entregan la “Campaña Compartir”, noble gesto para el apostolado social. El Miércoles santo se engalanan de trajes morados para la gran procesión del Nazareno, un ferviente recorrido por las calles del pueblo lleva en hombres la figura de Cristo que carga con nuestros pecados. El Jueves Santo se expresa con gran variedad, “los siete potajes”, manifestación genuina del ágape pascual. Las familias se invitan a compartir las delicias de sus platos reúnen en horas del mediodía: las sopas y caldos criollos, el mute, el palmito, el pescado, los atoles y los dulces de cabello de ángel, higos y lechoza, junto al majarte, hacen de esta fiesta la añoranza de cada año. El Viernes Santo se puede disfrutar de las escenas de la pasión y muerte de Nuestro Señor, los jóvenes y mayores presentan el mejor repertorio: hay llanto en las dolorosas, gritos y furia en los soldados romanos, dolor en el rostro de la Madre, sufrimiento y entrega en el personaje principal: Cristo crucificado. En los campos no se oye el repicar de las campanas, sino el lamento de la “matraca”, son días centrales, las ceremonias litúrgicas, vividas con fe y devoción por las familias
Sureñas; la humildad del lavatorio de los pies, la bella estampa del monumento al Santísimo, adornado con las naturales orquídeas y flores de nuestros campos, invitan a la más sublime meditación de los misterios de la Pascua. El sábado santo la fiesta de la Resurrección se inicia con la bendición de la luz, las velas de cera, hechura de las manos callosas de nuestros campesinos, hacen el gran lucernario de la noche, seguido del canto de Gloria.
Verdadero acontecimiento pascual, se rompe el velo del templo, en la noche oscura, una gran luz destella, es el Cristo muerto que ¡Ha resucitado!...hay repique de campanas, estruendo de la pólvora, los soldados salen corriendo por el centro de las iglesias, los niños vestidos de ángeles entonan el Aleluya y una gran alegría se contagia entre los asistentes. Le sigue la bendición de la fuente bautismal, en humildes “taparas” los campesinos llevan el agua para ser bendecida y luego utilizada como sacramental en los hogares, otras veces para ser enterrada en la sequía de sus potreros, pues por seguridad de fe allí nacerán las nuevas fuentes cristalinas para bendición de todos. De este modo el reservorio espiritual de nuestro estado Mérida, resalta sus mejores y auténticas muestras de fe y vida cristiana, honda tradición y ferviente piedad en el Señor que vive en medio de su pueblo.


Cronista Oficial del Municipio Arzobispo Chacón
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