jueves, 17 de abril de 2008


Y USTED ¿ ME CREE ?

José L. Peña G. Estudiante de Comunacion Social de la UBV

En 1981 me correspondió hacer pasantías para optar al titulo de T.S.U. en agrotecnia, en la hacienda “San Pedro”, ubicada en San Carlos, Estado Cojedes. Esta es una explotación ganadera
dedicada a la producción de carne, para ese entonces trabajaban con ganado de raza brahmán; conmigo hicieron pasantías en la misma hacienda dos compañeros estudiantes de Trujillo y uno de Guarico.
En la mañana nos correspondía el trabajo de campo, en el cual nos dedicábamos a vacunar, aplicar tratamientos a animales enfermos, etc. Y en la tarde nos correspondía el trabajo administrativo de oficina, estas actividades las realizábamos de lunes a viernes, quedándonos los días sábado y domingo para descansar.
Generalmente los sábados los dedicábamos a pescar en los “caños” que atravesaban las extensas tierras de la hacienda, esto lo hacia con entusiasmo pues desde muy joven me gusto y practique
la pesca deportiva en los ríos del páramo merideño.
Un día sábado en la mañana, me dirigí junto con mis compañeros de pasantías a pescar en uno de los caños de la hacienda, donde había variedad de especies de peces, pero la más abundante era la llamada comúnmente “caribe”, los cuales son muy voraces y tienen dientes muy afilados; estando entretenido a la espera de capturar mi tercer pescado del día, sentí como se templaba
el nylon, señal de que un pez había mordido el anzuelo, tire del nylon para sacar del agua el pez, pero me llevé una sorpresa,
pues en la punta del nylon donde debía estar el anzuelo y el pez que lo había mordido, no había ni anzuelo ni pez, uno de los compañeros pasantes (el guariqueño) me explico que esos peces (los caribes) por tener dientes tan afilados a veces mordían el nylon y lo partían, lo cual me pareció lógico, como teníamos anzuelos de repuesto amarre otro a la punta del nylon y continué con mi tarea de pescar.
Ya a las 11:00 AM había logrado pescar 5 ejemplares y nos dispusimos a descamar y limpiar los pescados para prepararlos y consumirlos fritos a la hora del almuerzo, cuando sacaba las vísceras de uno de los pescados, sentí un pinchazo en un dedo, al revisar para saber con que me había pinchado, descubrí un anzuelo con un pedacito de nylon del mismo color del que yo usaba y al detallar más el anzuelo me di cuenta que era el que al principio tenia yo, por increíble que parezca, ese pescado se había tragado mi primer anzuelo y casualmente lo pesque con el segundo anzuelo que utilice, uno de mis compañeros de pasantías comento: “al cesar lo que es del cesar.....”.
Esta anécdota se la conté hace poco a mis compañeros de trabajo y no me creyeron, a mis compañeros de estudios actualmente y no me creyeron, por lo que decidí publicarla en Correo Sur merideño, para contarla a otras personas. Y usted amigo lector, amiga lectora..........................¿ME CREE?