martes, 25 de marzo de 2014

Buhoneros y Mercados son inspeccionados por Alcaldía de Libertador



Empresas de servicio también son monitoreadas


(11-02-2014).- En una gestión que busca dar resultados a su pueblo, el burgomaestre local Carlos García, junto a su equipo de trabajo, responden a las quejas presentadas en las recientes asambleas de vecinos con respecto a la situación que se viene presentado con los buhoneros y en los diferentes mercados de la ciudad.

A través de una serie de operativos para el control de los servicios domiciliarios, llevados a cabo por la Gerencia  de Servicios Públicos de la Alcaldía de Libertador, se está abordando la problemática presentadas en los diferentes mercados del municipio.

Ricardo Ramírez, gerente de dicho departamento, explicó “nos hemos reunidos con las asociaciones de comerciantes del Mercado Periférico y el San Jacinto, en donde hemos procedido a explicarles las responsabilidades a las personas que están a cargo de los locales”.

Dentro de las actividades que se han realizado en estos operativos se han abordado la limpieza y ordenamiento de las instalaciones de los mercados, la vigilancia del mercado Periférico y reuniones con los vecinos de Santa Juana para explicar el problema que acarrea el colocar basura en las inmediaciones del mercado de San Jacinto.

Con respecto al problema de la economía informal, Ramírez aseguró que el departamento está siendo más estricto en cuanto a la inspección, fiscalización y permisología de los buhoneros. El funcionario municipal declaró “Estamos trabajando con un equipo nuevo, que ayudará a que se cumpla lo que la ordenanza dicta”.

Por otra parte, el departamento de Servicios Generales actualmente también se encuentra monitoreando a las empresas que prestan servicios públicos, como el gas, TV por cable e Internet, para responder rápidamente a cualquier denuncia presentada por los usuarios. (Prensa Alcaldía municipio Libertador)

Juramentada Primera Brigada Ecológica




Carlos García Inaugura parque Biosaludable en avenida Las Américas
(11/02/2014).- El alcalde de la ciudad Carlos García, como parte de sus políticas en los primeros cien días  de gestión, en pro del embellecimiento de la ciudad y de la salud de los merideños, inauguró ayer martes en horas de la mañana el parque Biosaludable ubicado en la avenida Las Américas frente al Centro Comercial Cantaclaro diagonal al Colegio Arzobispo Silva.

En tal sentido, el burgomaestre expresó, “que en vista de poner en práctica el plan de recuperación de los espacios públicos, hoy (ayer ) se está haciendo entrega a los vecinos de la parroquia Spinetti Dinni la plaza  que se encuentra diagonal al Colegio Arzobispo Silva en condiciones completamente actas para que las personas disfruten de la parte ambiental como también en beneficio de su salud ejercitándose en las instalaciones del nuevo parque Biosaludable”.

Asimismo señaló, que continuará trabajando en función de la recuperación de otros espacios con la finalidad de construir más parques Biosaludables y de esta manera alejar a las personas de tanta violencia que esta agobiando a la población en general, fomentando la amistad y la ciudadanía.

En este mismo acto, el burgomaestre capitalino juramentó la Primera Brigada Ecológica Municipal, la cual es una iniciativa de la Institución antes mencionada conjuntamente con la Alcaldía del Libertador a través del Departamento de Educación quienes se encargaron de la plantación arbórea en las adyacencias del parque velando por la conservación de la misma.

Finalmente, para dar respuesta a las políticas sociales implementadas en su gestión, la primera autoridad municipal, hizo entrega de una silla de ruedas al señor Pablo José Peña habitante del Barrio Sucre ubicado en esta misma parroquia. (Prensa Alcaldía municipio Libertador)

 







Fotoleyenda: Ayuntamiento capitalino continuara realizando parques Biosaludable en el municipio Libertador (Prensa Alcaldía municipio Libertador)

TEODORO VOVK: EL ESLOVACO QUE SE REFUGIÓ EN EL SUR DE MÉRIDA




Ramón Sosa Pérez
Un día cualquiera del año 1947 Teodoro Vovk puso tierra de por medio entre el Viejo y el Nuevo Mundo, así llamados para distinguir a Europa del continente Americano. El fortuito viaje de entonces lo trajo a Venezuela. Con apenas 27 años de edad, su vida azarosa  y de condición impensada, ya estaba habituada a los sinsabores y al padecimiento de mil hostilidades pues las fuerzas de ocupación nazi se encargaron de hacerles entender por la fuerza de las balas, que Hitler les había secuestrado el don de la libertad, en la brutal arremetida contra Eslovenia.  
Su nombre literal era Teodoro, que se escribía en la lengua madre como Biozidar, que en griego traduce “el regalo de Dios”. Su hogar católico en Shkofya Loka se fundó sobre un otero de grato panorama y alrededor de un castillo en lo alto que antes se llamó Ciudad de los Obispos o Bischoffslack en alemán, evocando al grupo de purpurados que la estableció en la hoy comarca italiana del Tirol del sur. Joseph, su padre, se hizo militar de carrera bajo la bandera de la monarquía Austro-húngara, que agrupaba, además de Eslovenia, a Croacia, el norte de Italia, Eslovaquia, Hungría y parte de Rumanía.
LOS PRIMEROS AÑOS
Nació Teodoro Vovk “a las 10 de la mañana de un soleado domingo de marzo, en Eslovenia”. Era 14 de marzo de 1920 y de sus recuerdos de niño citaba que su ciudad era un enclave por donde viajaban, ya unidos, dos ríos de considerable caudal, el Poljanska Sora y el Selska Sora. Solidarios en un brazo de inseparable nombre, el Sora, iban a desaguar en el vigoroso Danubio en Belgrado, capital de Serbia. Muchos años más tarde, en su estancia como médico de El Morro, solía contar que en su niñez y junto a la madre, disfrutaba plácidamente en las aguas de aquel torrentoso río.  
Esa ciudad, en la que se crió Teodoro, era sosegado oasis que en su recato exhibía desde fecha inmemorial una patrimonial fábrica de sombreros que por generaciones fue emblema de los casi 3000 habitantes que coexistían en proximidad con la ruralía “porque la ciudad era un verdadero poema de la naturaleza”. Jamás olvidaría lo que apenas chico escuchó de los ancianos sobre los turcos que, llegando de Bosnia, invadían la ciudad para cazar muchachas y muchachos, a quienes enseñaban la religión mahometana, sometían y esclavizaban. A ellas las convertían en servidoras y a los jóvenes en guerreros, mientras cada turco se daba la vida de gran señor.       
ENTRE CAMPESINOS
El viejo Vovk se desempeñaba en un Juzgado y desde allí labró afecto entre los labriegos a quienes ayudaba a resolver sus problemas. Cuando iba al campo, llevaba a sus críos para que aprendieran el trabajo. Teodoro se juntaba con su padre a cooperar en todo. Cosechar el heno, guarecerlo para los grandes inviernos o reparar los graneros de almacenar provisiones, eran tareas que aprendió pronto. La madre- maestra, compartía su profesión con el laboreo de un pequeño prado, dejó huella en el hijo que hallaría eco en su vivencia como médico en un pueblo del sur de Mérida.  
Concluida la primaria en Shkofya Loka, la familia se traslada a Ljubljana para proseguir los estudios del liceo. Las suyas eran las mejores notas del curso y la condición la debía seguramente “al recio carácter de la madre maestra que supo inculcar responsabilidad y cumplimiento”. Comenzó temprano a jugar el fútbol, a despecho del padre que se quejaba del gasto de sus zapatos en una familia de limitados recursos. Se matriculó en el equipo Ljubljana de Primera División, con el que militó en la Liga Nacional de Yugoslavia. Los resultados eran excelentes pero a costa del sacrificio de sus estudios que estuvo a punto de abandonar.
EN LAS ERGASTULAS DEL COMUNISMO
En la Semana Santa de 1941, contaba el Dr. Vovk, nos invadieron Hitler y Mussolini. En el reparto, la región donde vivíamos en la capital de Eslovenia, le quedó a los italianos y con esta ocupación se acabó para mí, el futbol, la medicina y la libertad. Los italianos, decía, fueron en principio más tolerantes que los alemanes quienes invadieron el otro lado de Eslovenia, reclutando jóvenes, matando sacerdotes y destruyendo iglesias. Luego los italianos endurecieron su línea, minaron la ciudad y enviaban a los jóvenes a los campos de concentración.
En bachillerato hubo tropiezos pese a que sus notas eran buenas. La decisión por el futbol le mermó compromiso en clases y cuando se ausentaba por los juegos, retrasaba los exámenes y la consecuencia no era aprobada por nadie. Sus hermanas le aconsejaron que desistiera de la carrera de ingeniería en construcción y lo motivaron a estudiar medicina, ya que ellas eran enfermeras y le avizoraban mejor destino. La Facultad de Medicina de la Universidad de Ljubljana no ofrecía la carrera completa y Federico debía concluirla en Austria, pero la situación política se lo impedía.
MÉDICO POR COMPROMISO
Teodoro Vovk, cesante de los estudios por la fuerza política, se salvó de ser enviado al frente porque se había empleado en el duro trabajo del ferrocarril y las fuerzas de ocupación italiana fueron permisivas entonces. Irreductible en su credo, Teodoro se declaró abiertamente en contra del naciente comunismo y sus asociados y ello le llevó a enfrentar el oprobio del destierro y las humillaciones. En 1944 tomó las montañas de St. Jost, una aldea cerca de Ljubljana “y juntarme a los defensores contra los comunistas”. Para la época se había casado con Mihela, excompañera de Medicina en la Universidad y quien le seguiría años más tarde a Venezuela.
Prestó a los aldeanos un gran servicio comunitario en tareas de médico. En la montaña había necesidades múltiples y las nociones que Vovk adquirió en sus años de universidad fueron apenas suficientes para cooperar con los campesinos que le pagaban compartiendo las escasas provisiones de su alacena. Mihela fue a su encuentro y ambos ayudaron a las familias en la dura experiencia de la lucha contra la invasión alemana que ante la capitulación de Italia, también se apoderó de la capital. Era un miliciano de paz que soportó con estoicismo, junto a los refugiados, los ataques de bandos que pretendían repartirse el botín esloveno.   
RUMBO A VENEZUELA      
Para ganarse la vida, Teodoro aguzó en su experiencia de juventud. En la frontera austríaca se ofreció a los croatas para servir de guía por territorios italianos y en ocasiones les vendía caballos que conseguía a precios bajos porque habían sido abandonados por los casacos rusos. Se estableció en Agraz, la segunda ciudad en importancia de Austria y allí culminó sus estudios de Medicina Universal en septiembre de 1946 con calificación de Absolutorium, a la usanza latina. Se graduó el 14 de mayo de 1947 en la Universidad de Agraz. Una breve pasantía en el Spittal ober Drau, en Carintia, hoy con minoría eslovena, antes de zarpar a América.  
Cansado de tantas guerras, Teodoro Vovk ansiaba otro horizonte. Confesaría luego que su dilema era “salir de Europa e iniciar una nueva vida. Podía esperar una oportunidad para irme a los EEUU pero debía ir a Corea como médico pero odiaba la guerra. Podía ir a Canadá pero debía trabajar un año en los bosques (..) podía ir a Brasil, Argentina o Australia a través de algunos contactos, esencialmente del sacerdote católico Janez Hladnik con el general Perón, como lo hicieron muchos de mis paisanos”. Escogió Venezuela porque huía de las dictaduras y al menos la conocía por las estampillas que coleccionaba antes de la guerra. Llegó al país en agosto de 1947.
SU GRAN DESTINO
A través de Austria y Alemania, junto a 34 europeos que llevaban similar rumbo, viajaron en un tren que trasladaba ganado hasta el puerto de Bremerhaven, mientras llegaba el barco para Venezuela. La ciudad sufrió agresiones de los bombarderos de la II Guerra Mundial. A los 12 días del embarque llegaron a La Guaira y “con 10 dólares en el bolsillo que nos hizo llegar el gobierno de Venezuela, cubrimos las necesidades elementales, más allá de alimentación y alojamiento que nos garantizaban”, refería en sus recuerdos.
Un sacerdote salesiano de apellido Trampuzh, nativo de Eslovenia y con 17 años en el país, condujo al Dr. Vovk hasta el Ministerio de Sanidad y allí revisaron las plazas vacantes de médicos en el interior. Se decidió por Mérida y la bondad de clima, parecido al suyo, según el cura. El mapa le señaló a Aricagua y aceptó de inmediato. Viajó en avión y ya en la ciudad, se presentó a la Unidad Sanitaria que lo refirió a Ejido para que puliera el español ayudando al médico, de apellido Quintero. En 1 mes llegaron de Aricagua para acompañarlo a su destino en el sur de Mérida.
SU GRAN SUEÑO  
Poco más de 1 año duró su invalorable servicio en Aricagua, a la que proveyó de grandes beneficios, de donde fue trasladado por motivos de salud y que el clima no le fue propicio. En su historia apenas un profesional de la medicina hubo en tiempos de Gómez y a la muerte del dictador, el galeno se internaba en su habitación para no atender a nadie y los vecinos le tomaron ojeriza. Al Dr. Vovk le tocó enfrentar la imagen de su predecesor y ganarse la confianza de todos. Colectaba medicamentos de los laboratorios que llegaban por las embajadas a Caracas y luego a Mérida, de donde las recogía don Melecio Rojas y a lomo de mula, las llevaba a Aricagua.
El 17 de agosto de 1948 fue trasladado a la medicatura de El Morro, desde donde debía atender las aldeas de Los Nevados y Acequias. A lomo de mula iba cada mes por los caseríos pregonando el bien, animando a su gente laboriosa, llevando un mendrugo de pan y siempre las alforjas cargadas de medicamentos para los humildes. Su profunda fe católica, amor a los pobres y desinteresada entrega a las necesidades del pueblo lo hizo un vecino más de El Morro. Allí pasó 10 años de su vida profesional y su afecto fue tan grande que doña Mihela, su esposa, vino a residir entre los morrenses con su hija Daría, desde Eslovenia.
Teodoro Vovk, un inmigrante que desafió las mazmorras de Hitler, sufrió el asedio italiano de Mussolini sin sucumbir ante la hambruna de la Europa de la II Guerra Mundial, fue un servidor público en los pueblos del sur de Mérida por más de 2 décadas. En el tiempo prolongó sus querencias y una casita modesta, conservada en el mejor recuerdo de su gente, es testimonio en Tapiecitas del hombre que los sirvió como un gran apóstol de la medicina. Murió en Cumaná el 27 de noviembre de 2010, con un legado que se extiende a Daría, a sus nietos Paúl, Ivan y Anita y a su ahijado de El Morro José Inocente Ruíz, sucesor de su memoria sempiterna.  

A la edad de 9 años, en Eslovenia
En 1943, paseando con su novia Mihela en Eslovenia, durante la ocupación italiana


Al llegar a Venezuela, en agosto de 1947

La casita en Tapiecitas, donde residía el Dr. Teodoro Vovk

A lomo de su mula blanca visitaba lejanos caseríos

Con doña Mihela y Daría, esposa e hija.

El doctor Teodoro Vovk en el año 2010

Mucuchachí en el recuerdo de Vicente Hernández



Ramón Sosa Pérez
El primer libro del telegrafista Vicente Hernández, nativo de Aricagua pero con raíces de afecto en todo el sur merideño, es revelador de cuanto sueñan, piensan y sienten los paisanos por alcanzar sus logros. “Mis Cuentos y Cantos por el Sur Merideño” es una liga de simpatía en el tiempo y en el espacio que lo convierten en un libro ameno, ágil y de sincero tesón por retratar tan encantadores parajes que la caprichosa geografía merideña sitúa detrás de la sierra y que van serpenteando en el cruce de caminos hasta hacerse agregado de amistad, solidaridad y trabajo. En este libro se cuentan de manera ocurrente, como es la afición del autor, los cuadros de costumbres que el decurso del tiempo han motivado episodios dignos de ser contados y cantados. Para ello, se precisa ser poeta y tener agudeza y esas condiciones le sobran y así lo asentamos en el prólogo que su bondad nos permitió abreviar: “entre claves de Morse y el di-dá de su estación de radiotelegrafista, Vicente daba rienda suelta a su creación. Escribía, recitaba o leía con profusión la poesía de Aquiles Nazoa, Job Pim o fisgoneaba las páginas de Andrés Eloy para asimilar el mensaje humanista que decantaría en su vena inagotable”.  En los años 80 la lucha social por el sur de Mérida nos hizo coincidir y desde entonces se reforzó la amistad. En Mucuchachí arraigó su deber comunitario y así lo explica el libro: “recuerdo cosas que desaparecieron en el tiempo pero que para el momento le dieron ilusión al pueblo, por ejemplo el Club Deportivo Rigoberto Vega, la Escuela de Música, la Escuela de Adultos, en la que empecé con 5 alumnos y luego se transformó en una escuela formal, pagada por el Estado, la Escuela Agropecuaria, aunque hubo sinsabores por razones diversas, tuve la satisfacción de verla construida”. Dijimos que era trovador y aquí van sus versos: “no fue como lo pensamos/ en el proyecto inicial/que esperábamos que fuera/la formación integral/que el padre con el alumno/ pudiera participar/ hacer conucos modelo/ en la aldea o vecindad/buscar autoabastecerse/también rentabilidad/ para evitar que la gente/ se marche hacia la ciudad/”. Esta semana hemos conversado y su preocupación por el sur sigue latente. Volvamos la mirada a la tierra del ancestro pero impulsemos a sus gobiernos locales recién elegidos a que divisen el horizonte en proyectos cercanos al común del paisano que cree en el liderazgo renovado al que apostó en diciembre. Todos son Alcaldes nuevos en el sur y a ello nos sujetamos para pedir muestras de un compromiso en el que no se debe fallar. Libertador, Campo Elías, Aricagua, Arzobispo Chacón, Sucre y Guaraque requieren de la mano que les de esperanza, desarrollo y promoción cultural. Por los hechos, esperamos.